jueves, 26 de febrero de 2026

Hinak: en la ciudad

 
Hinak. Muro de La Paloma

La fábrica ya ha cerrado. Las chimeneas ya no humean; entonces ya era un centro social que ha mantenido la fachada de ladrillo, y los vanos de los muelles de carga hoy son grandes cristaleras. Hacía poco que el dictador había muerto, pero aún recorría su sombra oscura y siniestra la ciudad. Acababa de leer un libro de poemas de Ernesto Cardenal, de desamor, de desazón por otra dictadura ¡A Tachito!, y escribió un poema y lo metieron preso. Aquella tarde alguien hizo unas pintadas: ¡Viva el sindicalismo! Cuando las vimos fue cuando apareció el coche gris de la policía. Estaba anocheciendo. Nos pararon, nos identificaron, desparramaron nuestras cosas por la acera, nos apuntaron con sus armas. Quietos, contra la pared, silencio sepulcral tan solo roto por unos disparos a lo lejos y la emisora del coche gris. Los policías subieron al coche y sin decir nada se marcharon calle abajo. Mientras, recogíamos nuestras cosas desperdigadas por la acera uno de nosotros habló:
- Dicen que ayer soltaron al hijo de la Madame.
- Sí, eso he oído.
- Seguro que es quien ha hecho las pintadas (silencio).
Volvieron a oírse disparos, esta vez más lejanos y el eco de una sirena de policía o de una ambulancia, fue cuando la noche cabrío por completo la ciudad.

viernes, 6 de febrero de 2026

El Invierno

 


Esta pieza la encontré hace mucho tiempo, quizá recién hecha, aunque hoy no veo el año. Ha hecho frío, calor y ha pasado frente a ella el otoño y la primavera; pero la que mejor la define es el invierno: colores fríos, aire frío, hielo, lluvia y algo de nieve y algún desconchón en la zona baja junto al suelo. 

             Hoy la carne aterida
el rojo hogar en el rincón oscuro
busca medrosa. El huracán frenético
ruge y silba, y el árbol esquelético
se abate en el jardín y el azota el muro.
....

Antonio Machado. Poesías de Soledades. l Invierno. (1898-1907)





domingo, 1 de febrero de 2026

LOEK

Muro de La Paloma: entrando en la noche infinita / aún la gente se acordaba de mí. 
Delante pasó un perro, luego el amo. Lloviznaba de manera tan tenue que apenas se percibían las gotas diminutas de agua. El muro, tan largo como infinita la oscuridad tras él. 
Pasó una mujer que hablaba sola, ni tan siquiera se molestó en levantar los ojos del suelo. Creí reconocerla, pero tenía la cara demasiado tapada, se movían de manera torpe, era, según deduje, demasiado vieja para ser ella. Casi no se oían los coches pasar, ni una voz, ni un ladrido. Nada.


Gorrión: sencillo

De repente, se abrió en el centro de la ciudad como un gran trampantojo. Nadie pensó que pudiera ser cierto, ni él tampoco. Se sentó y comen...