Muro de La Paloma: entrando en la noche infinita /aún la gente se acordaba de mí.
Delante pasó un perro, luego el amo. Lloviznaba de manera tan tenue que apenas se percibían la gotas diminutas de agua. El muro, tan largo como infinita la oscuridad tras él.
Pasó una mujer que hablaba sola, ni tan siquiera se molestó en levantar los ojos del suelo. Creí reconocerla, pero estaba demasiado tapada, se movían de manera torpe, era, según deduje, demasiado vieja para ser ella. Casi no se oían los coches pasar, ni una voz, ni un ladrido. Nada.
