Encontrábase en la calle, por ejemplo, con Trifón Cármenes, el poeta de más alientos de Vetusta, el eterno vencedor en las justas incruentas de la gaya ciencia; le llamaba con un dedo, acercaba su corva nariz a la ancha oreja del vate y decíale:
- He visto aquello... No está mal; pero no hay que olvidar lo de versate mane, ¡Los clásicos, Trifoncillo, los clásicos sobre todo! ¿Dónde hay sencillez como aquélla:
Yo he visto un pajarillo
posarse en un tomillo?
Y recitaba la tierna poesía de Villegas hasta el último verso, con lágrimas en los ojos y agua en los labios. La mayoría del cabildo absolvía de esta falta de formalidad al Arcipreste a condición de que se le tuviera por chocho.
Leopoldo Alas "Clarín". La Regenta
